La Asociación Laicado Vedruna reflexiona sobre el capítulo IV del plan diocesano de pastoral

La Asociación Laicado Vedruna ha trabajado el plan diocesano de pastoral de una forma personal y comunitaria. Se han ceñido al capítulo IV ya que tienen su programación anual y no
pueden desviarse mucho. Tal y como nos cuentan, su forma de trabajar ha sido la siguiente:

Enviamos el material con quince días de antelación para que todos pudiéramos trabajarlo personalmente antes de las reuniones que tuvimos los días 23 de noviembre (primera necesidad) y 25 de enero (segunda necesidad) para poner en común todo lo que nos había dicho el documento y a las conclusiones que hemos llegado.

A continuación, os mostramos las conclusiones que el grupo extrajo del capítulo IV, atendiendo a la primera necesidad: Renovación pastoral de nuestra diócesis de Zaragoza.

Con el PDP nos dan la oportunidad de caminar todos en la misma dirección. Nos ayudará a cumplir nuestra misión evangelizadora al servicio de los más desfavorecidos.

Pasa por la renovación pastoral, personal y comunitaria que necesita nuestra iglesia. Es siempre gracia. Las necesidades y respuestas planteadas nacen y se sustentan en una triple fidelidad: A Jesús y a la misión encomendada, a las personas de nuestro tiempo y a la iglesia. Nos exige constituirnos en permanente estado de misión.

¿Qué hemos descubierto?
Hemos descubierto que tenemos que estar en acción construyendo caminos y puentes que nos hagan ser fraternos, sobre todo con los más necesitados caminando juntos e iguales trabajando por una iglesia al estilo de Jesús, analizando y valorando criterios que puedan orientar a esa construcción de fraternidad en el seguimiento y así ponernos en camino para anunciar el evangelio.

¿A qué conclusiones hemos llegado?
Nos renovamos a través de la Misericordia. Abrir el corazón al amor para ver las necesidades de nuestro hermano, ayudarle, perdonarle, valorarle, agradecerle. Siendo misericordiosos nos humanizamos, nos reconocemos débiles, conseguimos la alegría y la paz y nos compromete con el mandato de Dios. Apostamos por todo lo que dignifique al hombre. Todos los días hemos de tener bien presente el hacer un poco más realidad “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”. La oración, el trato con Él, pausado, tranquilo, confiado, AYUDA a poner todos nuestros deseos en práctica, primero en uno mismo, después en acogida a todos los que nos rodean y a encontrarnos especialmente con los más necesitados.

Nuestra experiencia personal
Para Dios nada hay imposible. Orar desde la esperanza que genera el encuentro y la acogida. El Dios de la Vida nos acompaña en el camino, nos habita, sentimos su amor incondicional. Vamos a actualizar la alegría de ese encuentro que da sentido a todo lo demás.

Orando nuestra vida a la luz de la palabra podemos ofrecer nuestros pasos para hacer el camino, nuestras manos para acoger, nuestro sentido para acompañar, la capacidad que Tu nos das para saber responder, para vivir con esperanza y alegría, siendo protagonistas de la renovación de nuestra Iglesia. Enséñanos a escuchar el clamor de la tierra y de los pobres, haznos capaces de trabajar por la justicia, por la dignidad de las personas y por el cuidado de la tierra y que podamos sentir tu abrazo para poder abrazar.

¿Qué rasgos debemos cuidar?
El compromiso con aquellas personas que más lo necesitan, reconociendo a Jesús en cada persona porque estamos llamados a vivir para descubrir a Dios y saber lo que El quiere de nosotros. Somos seguidores de Jesús

¿Nos reconocemos en las necesidades y respuestas?
Nos reconocemos en las necesidades y respuestas del PDP ya que hemos elegido una opción de vida como laicos

De las respuestas que propone el Plan, ¿cuáles creéis que son más importantes concretar en nuestro entorno?
Cultivar el encuentro personal con Dios y vivir el seguimiento de Jesús
Construir fraternidad, abriendo puertas y tendiendo puentes

Y tras estas lineas, os adjuntamos sus conclusiones sobre la segunda necesidad: Renovación personal y comunitaria

Nuestra vida comunitaria
Tenemos una planificación anual de formación desde 1998 que se basa en: crecimiento personal de la fe, estudio de la biblia, carisma y realidad social y como misión estamos realizando tareas dentro de la Iglesia y/o de la congregación.

En nuestra comunidad pensamos que la renovación pastoral pasa primero por la conversión real de quienes somos llamados a evangelizar.
• Hemos de reconocer que nos hemos ido del Evangelio y que tenemos que volver a él aunque nos desinstale.
• Tenemos que poner el acento en los valores evangélicos y sentir que el valor de la fe nos hace fuertes.
• Darnos cuenta que el rostro de Jesús lo vamos a aprender a través del Evangelio, y lo sentiremos si descubrimos lo que el texto nos quiere decir.
• Tenemos que plantearnos utopías porque los dolores de los pobres tienen que terminar.
• No podemos plantearnos el Evangelio sólo en el marco religioso porque el Evangelio está dentro de la vida.
• Necesitamos volver al corazón de la persona para crear la fraternidad de Jesús

El corazón se cambia con y desde el amor. Es el amor el que devuelve el sentido a la vida y es el que nos hará llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a todos los esclavos de la sociedad moderna, ser luz para el que sólo se mira a sí mismo, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella.

Para alcanzar esto tendremos que valorar lo bueno de las personas, no juzgar ni condenar y siempre perdonar. Sensibilizarnos con los sufrimientos del otro, intentando no caer en la indiferencia.

Sabiendo que seremos juzgados por el amor, practicar las obras de misericordia.
En nuestra vida diaria todos conocemos personas solas, desesperanzadas, en paro, en situación administrativa irregular (sin papeles), toxicómanos, alcohólicos, a veces hemos conocido gente que se ha prostituido y que ha salido de la cárcel, … Todos necesitamos algún tipo de ayuda. Es necesario defender los derechos humanos, trabajar por la vida, la paz y la justicia denunciando las opresiones y violencia tanto hacia las personas como hacia la naturaleza.

Nuestra conversión y renovación intentamos hacerla de forma personal y también comunitaria. Hemos recibido el don de la fe y debemos sentirnos agradecidos y alegres.

Concretamos la importancia de la formación para sentir de otra manera y poder comunicar lo sentido. Estar junto a la existencia concreta de los otros, conocer la fuerza de la ternura y dejar que Dios sea Dios.